Feliz día de Andalucía, por sí, por España, la Humanidad y la Madre Tierra.

“Era un cuatro de diciembre, cuando tomamos la calle; era un cuatro de diciembre, cuando dijimos que verde y blanca era nuestra sangre” (Martínez Ares).

“La liamos” bien el 4 de diciembre de hace ya 39 años. Envidia siento por aquellas personas que vivieron el gozo de sumarse, desde la diferencia, para reivindicar juntas tierra, autonomía y libertad. Envidia por ser partícipes de uno de los mayores logros del pueblo andaluz; un logro que no fue sólo para sí, sino para el resto de España…y la Humanidad.

Ahora, tras casi cuatro décadas, zarandeada por los vaivenes políticos y económicos, Andalucía se enfrenta a una realidad que no entraba en los planes de futuro de los casi dos millones de personas que abarrotaban las calles aquel día: Andalucía, con la sangre verde y blanca, padece índices de paro insoportables y asiste a un empobrecimiento progresivo de sus recursos naturales y sociales.

Este sistema capitalista globalizado, explotador y depredador, ha terminado por apoderarse de nuestra forma de vida, de nuestro sustento y nuestros sueños de libertad. La política está al servicio de los mercados y estos, grandes conocedores de las pasiones humanas, han sabido aturdirnos con domingos de apertura de centros comerciales, con Black Fridays, con “tú no eres tonto”, con tarjetas de crédito de un dinero ilusorio…en fin; han conseguido convencernos de que el nivel de vida es el nivel de acumulación de cosas.

 

Este sistema es tan listo, que ha sabido nutrirse de dos bienes que no entran en valor mercantil: los recursos naturales y la mitad de los recursos humanos; los que se ocupan de los cuidados. Precisamente, son los bienes que sustentan la vida.

 

Esta maldita y mal llamada “crisis” está siendo el bofetón que necesitábamos para despertar del letargo crecentista. Ha pegado fuerte, duele, y mucho, en cada uno de los rincones de este planeta, pero estamos espabilando. Ya empezamos a creernos lo que vaticinaban unos cuantos locos ecologistas, sí, aquellos que pensábamos que sólo se preocupaban por el oso polar y el lince ibérico. Ahora ya les prestamos atención, porque ya, doloridos e indignados, sabemos que esa ensoñación consumista era sólo el proyecto de cuantos y también sabemos que su locura puede acabar por aniquilar todo lo vivo, todo lo que nos sustenta, todo lo que amamos.

 

También ahora, en este momento, se está decidiendo en Marruecos nuestro futuro. La XXII Conferencia de Cambio Climático de Naciones Unidas, la COOP22, es posiblemente nuestra última oportunidad de llegar a acuerdos para limitar el cambio climático que, ya nadie se atreve a negar, es imparable (si lo dicen Obama y el Papa…). El objetivo de la cumbre es evitar que la temperatura media global supere los dos grados centígrados. Por encima de este nivel, el grado de incertidumbre sobre lo que ocurrirá con el planeta, con Andalucía blanca y verde en su seno, supone un riesgo excesivamente alto de afrontar para la humanidad.

 

Si Andalucía deja de tener un clima mediterráneo, lo que ocurrirá si las temperaturas suben por encima de dos grados (hay que tener en cuenta que esos 2º son de promedio global; Andalucía, por su situación geográfica, sufriría una alteración aún mayor), nuestra forma de vida se verá profundamente afectada: el turismo se verá amenazado por la subida del nivel del mar y las temperaturas extremas; las olas de calor cada vez más prolongadas harán muy dura la vida en nuestras ciudades, afectando por supuesto a  nuestra salud; corremos el riesgo de perder nuestros olivares y viñedos; y veremos acelerarse el proceso de desertificación y pérdida de la biodiversidad.

 

Hasta aquí, la exposición del problema. ¿Qué objetivo nos marcamos a partir de él? ¿Qué herramientas utilizamos para darle consecución?

 

Para establecer el primero, probablemente no necesitamos dotarnos de mucha información ni saberes; muy posiblemente, todas coincidamos en el objetivo general: “Queremos vivir bien”. Así de simple, así de ambiguo, pero así de claro: “queremos vivir bien”.

 

Permitidme un inciso que me ayudará a justificar el resto de mi intervención: Fui maestra de un grupo de niñas y niños andaluces de siete años. Teníamos en clase, con un paisaje de arrozal de fondo tras la ventana, dos cajas de cartón: la caja de los sueños y la caja de los miedos. Durante toda la semana, íbamos depositando nuestras notas en cada una de las cajas y finalmente, los viernes, dábamos lectura pública (o no, según la voluntad de quien escribe) a su contenido. De esas cajas se extraía un petróleo que ya quisieran cuantificar y explotar algunos monopolios; pero este petróleo, al contrario del negro, es una fuente de energía renovable y de alto valor para el planeta.

 

Del objetivo general citado, podemos extraer tantos objetivos específicos, o sueños, como personas hay en la sala. Yo aprovecho esta oportunidad para compartir algunos de los míos:

 

Yo sueño con una Andalucía que planta cara al cambio climático con responsabilidad. El objetivo es impulsar la transición ecológica de la economía. Un pilar de la misma es un nuevo modelo energético basado en las renovables, que reactive el empleo de forma sostenible y eficaz. Contamos con los recursos, la tecnología y el conocimiento necesarios, ¿por qué importar el 80 % de los recursos energéticos que utilizamos?

 

Sueño con un nuevo modelo democrático, participativo, inclusivo, en el que las decisiones sean debatidas y adoptadas por la gente. Quiero que el liderazgo político sea de las personas, y los gobernantes estén a su servicio, y no al de los mandatos del mercado. Y quiero que la voz andaluza se oiga en el resto de España y Europa como si de una coral polifónica se tratara.

 

Sueño,  y aunque es un objetivo específico es vital para la consecución del general, con las mujeres andaluzas alineadas junto a los hombres en todos los ámbitos del desarrollo: el laboral, el social, el político y el de los cuidados. La conciliación no nos vale; el capitalismo se ha servido de esta máxima para sobreexplotar a las mujeres y a los niños y niñas que sufren horarios escolares indecentes; necesitamos corresponsabilidad entre hombres y mujeres en todos los espacios, tiempos y luchas. La revolución, será ecofeminista o no será.

 

Sueño también con una Andalucía autónoma para tomar decisiones en cuestiones vitales como la educación. El sistema educativo actual sirve a los deseos del capital. Necesitamos dejar de educar para la competitividad y la obediencia y hacerlo para la reflexión, la crítica, la cooperación y la acción para la transformación que nuestra tierra tiene como reto.

 

Sueño…sueño…

 

El reto que se abre frente a nosotras excede, lo sabemos, a nuestras lindes, pero es dentro de ellas desde las que la oportunidad se abre camino. ¿Y si volvemos a liarla de nuevo? ¿Y si volvemos a tomar las calles con la misma fuerza?

 

¿Y si es en Andalucía donde encontramos nuevamente la valentía para sumar fuerzas y plantar cara al sistema? ¿Y si nos armamos de la inteligencia colectiva necesaria para diseñar otra Andalucía posible, otro mundo posible?

 

¿Y si comenzamos a incluir sueños, aún siendo diferentes, en una caja común? ¿Y si escribimos nuestros miedos a perder lo individual para desecharlos en favor de lo colectivo?

 

¿Y si preparamos otra caja? La caja de los proyectos…

 

Tenemos por delante un complejo debate sobre qué proceso constituyente queremos protagonizar, en nuestras manos está que éste no sea un objetivo en sí mismo, un sueño que alcanzar, sino la herramienta necesaria para que todas y todos podamos “vivir bien”.

 

Feliz día de Andalucía, por sí, por España, la Humanidad y la Madre Tierra.

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